Cuestiones básicas…

UNA

En 2009 tuve la oportunidad de publicar el libro Extrañándonos de lo “normal”. Reflexiones feministas para la intervención con mujeres drogodependientes. (De descarga directa AQUI)

En él añadía una nota que actualmente me parece una cuestión básica (2010: 73)

«Desde que comenzara a escribir este libro hasta que se ha podido publicar han pasado casi tres años. En este tiempo, he asistido a bastantes jornadas sobre la problemática de “la mujer drogodependiente”, a la par que he seguido impartiendo cursos sobre la perspectiva de género aplicada a las drogodependencias. Y en ese tiempo he podido comprobar que sigue siendo necesario explicar qué es eso del ‘género’… porque no se trata de una mera diferencia entre ‘hombres’ y ‘mujeres’, sino de desequivalencia y relaciones desiguales de poder, de organización social que produce situaciones estructurales de discriminación.

En muchas jornadas, y sobre todo desde determinadas disciplinas, se está vaciando de contenido la palabra ‘género’, despojándola de la capacidad analítica que posee, y de su clara intención de cambiar el sistema social. Para mí, éste va a ser otro problema añadido, porque estamos pasando de la invisibilización más absoluta de la drogodependencia femenina a su visibilización de forma esencialista. Las mujeres seguimos siendo ese “otro” que los hombres no son (siguen como referente de análisis), somos “lo” diferente, y por eso ahora es como si hubiera que especializarse en “lo diferentes que somos”… Se sigue sin ir más allá de la dicotomía de género.

Yo abogo por una intervención específica con mujeres, pero porque creo que es necesaria una perspectiva que ayude a situarnos como sujeto de nuestra propia acción, la feminista. Sin embargo, también abogo claramente por no esencializar a las mujeres, y eso pasa por entender que el género es un sistema construido, y por tanto, modificable…

Considero que este problema que estoy describiendo entronca en general con aquellos derivados del análisis que realicemos sobre la realidad (en este caso: la drogodependencia). Si la concebimos como algo previo, pre-existente, que está esperando que la describamos, olvidaremos que es algo construido, que ya nuestra propia mirada la construye como tal. Muchas partes del taller abordan esta cuestión y, de hecho, la primera sesión va dirigida a aclarar también con las participantes del taller qué es eso del ‘género’. Sólo quería reflejar el cambio cualitativo que se ha dado en un corto periodo de tiempo, y que está redundando en la cada vez mayor presencia de cursos, mesas, conferencias, etc. relacionadas con esta cuestión sin que, a mi juicio, se esté realmente recogiendo el discurso (¡amplísimo y muy diverso discurso!) en torno al género desde los diversos feminismos, invisibilizándolos una vez más.»


DOS

En ese mismo libro (y en otras publicaciones con descarga directa desde este blog) escribía  (2010: 112) sobre lo que a mi me parece un interesante horizonte…

«La categoría ‘sexo’, dicotomizada en hombre/mujer, no deja de ser una lectura sociocultural, que pasa por la decisión humana de designarla como tal. Anne Fausto-Sterling (2006) propone un nuevo paradigma científico que rompa con esta dicotomía, entendiendo que la realidad biológica humana va más allá de los dos sexos: ‘hombre’- ‘mujer’, y que género/sexo – cultural/biológico son otras dicotomías que limitan las posibilidades de desarrollo humano y no dan cuenta de la variabilidad humana tan amplia que existe. ¿Qué define el sexo de una persona? Siguiendo sus análisis nos explica que el ‘sexo’ de una persona vendría a ser designado –desde las ciencias médicas, y asumido como ‘lo natural’- en base a tres niveles principales: gonadal (testículos/ovarios); genital (pene/clítoris-vagina) y cromosómico (XY/XX). Además, estaría la cuestión hormonal, que regula la presencia de pelo en el cuerpo, etc. Frente a esto, esta autora establece un ‘continuum sexo-género’ donde las posibilidades se multiplican: el ser humano podría tener, porque de hecho los tiene, diversos estados sexuales; ese ‘continuum’ no es cuestión de ciencia-ficción, sino que se da en la realidad biológica del ser humano de forma estadísticamente elevada: nacen muchos bebés con características ‘hermafroditas’. Sin embargo, es una decisión médica que el bebé que nace con características sexuales diversas se adscriba –mediante operaciones, tratamiento hormonal, etc.- a uno de los dos sexos designados y definidos: hombre o mujer. Entender que hay un “algo biológico” inamovible e inmutable choca frontalmente con la posibilidad humana de modificación de ese biológico, como de hecho se hace (mismamente en el momento de nacer y adscribir al bebé a uno de los dos sexos, o con la cuestión transexual de cambio de sexo o tratamiento hormonal, por no hablar de las operaciones estéticas, por ejemplo).

El empeño por designar esa dicotomía como lo normal lleva, por ejemplo, a casos en los que mujeres que han participado en los Juegos Olímpicos y que se han visto sometidas al control de sexo que esta organización realiza, hayan “descubierto” que no son mujeres porque sus cromosomas son XY –aunque tengan vagina, pechos, útero, etc., y vivan y se sientan como mujeres. ¿Es tan sencilla y lineal la realidad que pueda reducirse a unos cromosomas?

Además, Anne Fausto-Sterling explora también las implicaciones de considerar este tipo de realidades como ‘alteraciones’, cuando el ‘hermafroditismo’ era asumido como “normal” en otras épocas históricas, en vez de ser catalogado como ‘enfermedad’ o ‘falla genética’.

Su planteamiento, en definitiva, expone que acabar con la dicotomía de sexo acabaría también con la de género…»

El libro de Anne Fausto-Sterling se llama Cuerpos Sexuados. Editado por Melusina en 2006 (2001)